Puedo recordar que caminaba por las calles ya atrapadas por la obscuridad de la noche. Exactamente las mismas calles que algún día me habían visto sonreír, me estaban dando la amarga acogida para caminar sin rumbo, sin destino, sin esperanza, sin absolutamente nada que pudiese apreciar. Cada paso que daba no significaba nada más que encontrarse con un lugar cada vez más alejado de mi aborrecido y utópico pasado. Aún no podía asimilar que una de las cosas más importantes de mi vida, hubiese sido manchada con las sucias mentiras sin mi permiso, sin consultar nada, sin al menos advertírmelo antes. Todos los instantes que habían sido bautizados como hermosos recuerdos, estaban convertidos en los peores momentos de mi vida, en los más falsos, en los más deteriorados pensamientos. No podía conciliar el hecho de haber sido tan estúpida, como para no pedir las condiciones de uso, antes de haber hecho el trato. No podía. Ya todo me pasaba la cuenta, me lastimaba más de lo que podían ver los vagabundos en las plazas, más de lo que creía la mujer que estaba en aquella esquina, más de lo que todos pudiesen imaginar. Me debilitaba cada vez más. Trataba, y seguía arrastrando mis cansados pies por el piso, trataba de correr, pero era inútil, lo sabía, porque no tenía las fuerzas para hacerlo. De pronto toda esa nostalgia, empezó a llenar mi pecho, y casi no me dejaba respirar, casi no podía seguir. De un movimiento desesperado, yo solo pude atinar a correr, y a gritar, sin importar lo desquiciada que me viese. Ya no me interesaba lo que pensasen los demás acerca mío. Corrí, corrí, y corrí, a una velocidad que nunca en mi vida había alcanzado. Grité más fuerte que nunca, y entre sollozos alcancé a decir sin darme cuenta - ¡¿Por qué me hiciste esto?! ¡¿Por qué mierda lo hiciste?! – Recuerdo haber ahuyentado a las aves de mí alrededor, y sin ellas ahí, estaba completamente sola en un lugar completamente abierto, casi pareciendo un aterrador bosque virgen. ¿Cómo fui capaz de correr tanto? ¿Cómo me alejé de la jungla de cemento sin darme cuenta? No lo sabía. No importaba. Estaba sola.
Aunque tratase, las palabras que habían dejado su boca, hacían todos los intentos de razonamiento, algo inútil. Todo era en vano. No quedaban motivos... No quedaba nada, solo quedaban las ganas incesantes de gritar y llorar sin parar, y fue así que me acurruqué bajo las hojas de un viejo árbol. Ahí estuve por mucho tiempo. No sabría cuanto, pero después de llorar, y sollozar por un largísimo tiempo, ya me había logrado calmar un poco.
Gracias a el color del cielo pude darme cuenta de que era de madrugada, al menos las 04.00 o 05.00 AM. Si estaba en lo correcto debía estar preocupada, alguien podría haber notado mi ausencia y tendría problemas. Luego, cuando me disponía a volver, sin saber el camino de regreso, pude sentir ruidos extraños acercándose sigilosamente a mí. Quise pensar que era algún animalito salvaje, pero esos, indiscutiblemente eran pasos de un humano. Enseguida pude sentir que la sangre se concentró en mi rostro, y luego automáticamente descendió, y se fue a mis extremidades, algo así como, invitándome a arrancar de algo que ni yo sabía cuanto peligro tenía. Sin hacer revuelo, me hice la idiota, y empecé a caminar a pasos agigantados, y rápidos, obviamente tratando de desaparecer del tan pronunciado bosque, y aparecer en la ciudad, que no podía estar muy lejos. El temor me invadía a cada zancada que daba, y ya era inevitable no oír que alguien se aproximaba a mí. Trataba de esconderme, tapaba mi boca con ambas manos, pero él se aproximaba y debía huir otra vez. No podía evitarle, así que aceleré más mi ritmo, a sabiendas de que el extraño lo haría también. Luego no cabía dudas: Debía correr por mi destrozada vida.
Empecé a sentir el barro en cada paso, y a saltar por encima de todas las ramas, espinas, y hojas que se encontrasen tiradas en el pasto, de tal manera, que mis pies empezaron a arder fuertemente, y cada vez dolía más, sin embargo, ya no podía parar, porque podía ver algunas luces aproximándose. Dentro del suspenso que había, no dejaba de pensar. No podía saber como había puesto en riesgo mi vida, por lo que me había sucedido. No entendía como había sido tan estúpida de ir a lugares tan desolados, y peligrosos. Lo único que quería era regresar a tu lado. Aún recordando lo que me habías hecho, no podía evitar sentir tristeza, y no por lo que sucedió, si no por lo que iba a suceder. Yo lo sabía, lo presentía, en el fondo, en lo más escondido de mi misma, tenía claro que algo me ocurriría, y que no podría volver a verte otra vez, y que no podría decirte que a pesar de todo lo que habías hecho, yo te amaba.
Aunque tratase, las palabras que habían dejado su boca, hacían todos los intentos de razonamiento, algo inútil. Todo era en vano. No quedaban motivos... No quedaba nada, solo quedaban las ganas incesantes de gritar y llorar sin parar, y fue así que me acurruqué bajo las hojas de un viejo árbol. Ahí estuve por mucho tiempo. No sabría cuanto, pero después de llorar, y sollozar por un largísimo tiempo, ya me había logrado calmar un poco.
Gracias a el color del cielo pude darme cuenta de que era de madrugada, al menos las 04.00 o 05.00 AM. Si estaba en lo correcto debía estar preocupada, alguien podría haber notado mi ausencia y tendría problemas. Luego, cuando me disponía a volver, sin saber el camino de regreso, pude sentir ruidos extraños acercándose sigilosamente a mí. Quise pensar que era algún animalito salvaje, pero esos, indiscutiblemente eran pasos de un humano. Enseguida pude sentir que la sangre se concentró en mi rostro, y luego automáticamente descendió, y se fue a mis extremidades, algo así como, invitándome a arrancar de algo que ni yo sabía cuanto peligro tenía. Sin hacer revuelo, me hice la idiota, y empecé a caminar a pasos agigantados, y rápidos, obviamente tratando de desaparecer del tan pronunciado bosque, y aparecer en la ciudad, que no podía estar muy lejos. El temor me invadía a cada zancada que daba, y ya era inevitable no oír que alguien se aproximaba a mí. Trataba de esconderme, tapaba mi boca con ambas manos, pero él se aproximaba y debía huir otra vez. No podía evitarle, así que aceleré más mi ritmo, a sabiendas de que el extraño lo haría también. Luego no cabía dudas: Debía correr por mi destrozada vida.
Empecé a sentir el barro en cada paso, y a saltar por encima de todas las ramas, espinas, y hojas que se encontrasen tiradas en el pasto, de tal manera, que mis pies empezaron a arder fuertemente, y cada vez dolía más, sin embargo, ya no podía parar, porque podía ver algunas luces aproximándose. Dentro del suspenso que había, no dejaba de pensar. No podía saber como había puesto en riesgo mi vida, por lo que me había sucedido. No entendía como había sido tan estúpida de ir a lugares tan desolados, y peligrosos. Lo único que quería era regresar a tu lado. Aún recordando lo que me habías hecho, no podía evitar sentir tristeza, y no por lo que sucedió, si no por lo que iba a suceder. Yo lo sabía, lo presentía, en el fondo, en lo más escondido de mi misma, tenía claro que algo me ocurriría, y que no podría volver a verte otra vez, y que no podría decirte que a pesar de todo lo que habías hecho, yo te amaba.
En ese momento sentía que por más que corriese en algún momento me iba a tropezar, y justo allí, ya no iba a lograr hacer nada contra el destino. Contra ella, contra la muerte. Suplicaba a gritos que fuese quien fuese dejase de seguirme, pedía por favor que no me quitase la vida. No pude más y exploté a llorar, la persecución había acabado. Con el llanto, y mi respiración entre cortada por toda la distancia que había atravesado, ya no podía seguir. Me caí al piso, y me golpeé con algunas piedras que había allí. Ya no esperaba nada más que lo peor. El ya casi llegaba, y sería el fin. Debía despedirme de la vida, de mis recuerdos buenos, y también malos, de mi niñez, de mi adolescencia, de todo lo que había alcanzado a vivir. Debía despedirme de ti, de tus abrazos, de mis momentos junto a ti. Debía despedirme de todo aquello que yo conociese.
En el momento en que el extraño se acerco, pude ver su rostro sudoroso, malvado, y lleno de ira. Supe que era por mi culpa, yo le había hecho correr quizás cuanto, y ahora iba a pagarlo caro. En cuanto él iba a tomar mis brazos, me sentí abatida, y fue como un golpe en todo mi cuerpo, que me transportó a otro lugar. Yo comencé a gritar por terror a lo que iba a pasar, y de pronto tú estabas a mi lado, abrazándome. –Ha sido una pesadilla, todo ha sido una pesadilla... tranquila... tranquila...- Escuché. No podía creer que todo esto estaba ocurriendo. ¿Todo el dolor, toda la tristeza, toda la adrenalina, había sido solo una pesadilla? ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Me había mentido? Necesitaba respuestas pronto. Necesitaba refugiarme en ti. Necesitaba sentirte cerca, y saber que nunca perdería tu compañía
-¿Es verdad, no?- pregunté.
-¿Es verdad, no?- pregunté.
–Lo lamento...- sollozó.
![]() |
| by ~ xheresyourletterx |
